Colombia: Cali e Ipiales

Cali

De nuevo tocó llegar temprano a otra ciudad, pero sale genial viajar de noche porque te ahorras una noche en hotel/hostel/etc, y porque se siente menos el viaje 😛

Esta vez me quedaba con Ivania en un cuarto que encontré en Airbnb. De Cali no había buscado nada que ver o hacer, así que aproveche a trabajar un poco, descansar y nadar en la alberca que tenían en el conjunto de departamentos. No estuvo mal, porque de todo el viaje fue el lugar donde mas calor hacia y salir a la calle implicaba regresar empapado de sudor. Aprovechaba las noches para ir a buscar que comer cerca y caminar un poco por los alrededores.

Seguro que hay cosas que ver en Cali, pero fue mas como un punto intermedio entre Medellín e Ipiales. Pase 2 días aquí antes de tomar un autobús (de nuevo por la noche) para ir a Ipiales.

Ipiales

Este lugar estaba en mi ruta por dos razones: primero, está casi en la frontera con Ecuador, y segunda, por el Santuario de las Lajas, un lugar que desde que planeaba la ruta lo vi y me dije que tenía que verlo en persona.

Ipiales es un lugar chico, así que solamente había encontrado una habitación en un hotel donde poder quedarme. Para variar, llegué de madrugada, así que tomé un taxi de la terminal al hotel, en el que por suerte me pudieron recibir y dar una habitación aunque no era la hora del check-in. Como era muy temprano me dormí un par de horas y luego me di un baño y me fui a la terminal para tomar un taxi colectivo a el santuario.

El camino es rápido y muy lindo, con mucho verde y un ambiente fresco. Llegando, antes de comenzar a bajar entré a un restaurante a comer algo y comprar una botella de agua, ya que iba a hacer falta para el camino. La bajada es sencilla, y el paisaje se disfruta mucho con cascadas a lo lejos y tanto árbol, además de ocasionales lugares para sentarse a descansar y tomar fotos.

De pronto, al dar una vuelta aparece el santuario, y wow, uno se queda con la boca abierta de lo impresionante que es. Estuve caminando en los alrededores, bajando casi hasta el río, llendo por un camino enlodado (la entrada aquí estaba cerrada, pero todos se estaban brincando por un lado jaja) y disfrutando mucho del lugar.

Estuve un par de horas ahí y luego me regresé a Ipiales, como aún quedaban varias horas al día me fui a un centro comercial a comer algo y me metí a ver una película al cine. Acabando la película regresé caminando al hotel, prepare las mochilas para el día siguiente que cruzaría la frontera y me dormí.

Al día siguiente me desperté temprano, desayuné lo que me dieron en el hotel y me fui caminando a la terminal de autobuses, donde tomaría otro taxi al puente Rumichaca que está justo en la frontera de Colombia y Ecuador, y después de un ratito y unos tramites rápidos, ya estaba en Ecuador 🙂

Colombia: Medellín

Al comienzo no tenía pensado ir a Medellín, creía que me desviaba un poco de la ruta que necesitaba, pero no pasó ni un día que alguien me dijera: “tienes que ir a Medellín”, y pues hay que hacer caso de esas cosas. Para suerte mía, mientras estaba en Bogotá había recibido un mensaje de Daniel en Couchsurfing diciéndome que si iba para allá podía quedarme en su casa, y con mucho gusto acepté su ofrecimiento. Llegué por la mañana, con una vista privilegiada pues es un valle y el autobús va bajando dando vueltas alrededor, el clima hacia que hubiera un poco de neblina lo cual solo hacía que todo se viera hermoso.

Llegando pregunté como ir al metro, pues quedé de ver a Daniel en una de las estaciones, por suerte estaba justo a la salida de la terminal y fue fácil llegar. Tuve que esperar un poco para poder subir con mis mochilas, pero después de un rato llegué a la estación donde quedamos de vernos y nos encontramos fuera, y luego de los saludos y presentaciones, fuimos a su casa para poder dejar mis mochilas y salir a acompañarlo a unos compromisos que tenía.

Durante el camino me estaba explicando algunos proyectos que le gustaría hacer, como un huerto público en un terreno que tienen en el edificio con sus vecinos, y por lo cual justamente íbamos hacia el Jardín Botánico, pues iba a hablar con alguien de ahí a ver si podía conseguir apoyo de algún tipo. Es un lugar muy bonito, mucha gente sentada en alguna parte leyendo o platicando, pero sin duda mi parte favorita fue el Orquideorama y el bosque tropical. Saliendo le invité un vaso de guarapo, una bebida a base de caña de azúcar que es deliciosamente refrescante, y seguimos caminando, esta vez hacia la plaza minorista para buscar algo de comer. La plaza minorista es como un mercado enorme, y como casi todos los mercados, tiene una zona de comida y la comida que nos sirvieron fue muy buena.

Habíamos caminado la mayor parte del trayecto, así que estábamos ya algo cansados y decidimos regresar a su casa para descansar y esperar a Cristina, su esposa. Cuando ella llegó estuvimos platicando otro rato y luego fuimos a buscar algo para hacer de cenar. Me gustó mucho estar con ellos, son buenas personas, y la dinámica que tienen con los vecinos es interesante, donde de repente las puertas están abiertas y los niños de otros departamentos van y vienen en sus juegos, ¡muy divertido!

Al día siguiente salimos temprano Daniel y yo (Cristina había salido antes a su trabajo) porque tenía ganas de ir a conocer una pantalla de agua que había visto. Empezamos a bajar caminando al lugar donde estaba, y justamente antes de llegar nos topamos con otro lugar que fue de mis experiencias favoritas: el Museo Casa de la Memoria. No lo tenía contemplado, pero que lugar tan maravilloso.

Medellín es conocido en gran parte porque fue hogar y base de Pablo Escobar, aquél famoso narcotráficante, además de que Colombia tiene/tuvo cierta fama de ser muy inseguro por las FARC y lo relacionado a eso. Este museo intenta hacer ver a los visitantes que la violencia en Medellín existe desde antes y sigue existiendo después de estos hechos, que las causas tienen raíces mas profundas, y lo que se esta haciendo para mejorar la situación. Nos explicaron las migraciones que ha tenido desde y hacia, lo que han causado, los distintos grupos militantes que han existido, los parques biblioteca (!una idea increíble!) y muchas más cosas. Al final resultó que la pantalla de agua estaba apagada, pero el museo valió la pena.

Después fuimos hacia el centro, entramos al Instituto de Cultura y Patrimonio de Antioquia y saliendo pasamos por la Plaza Botero, donde esperamos de nuevo a Cristina para irnos a buscar algo de comer y luego ir a otra zona a visitar a los papás de Daniel. De ahí sugirieron ir al estadio, la zona alrededor donde hay instalaciones deportivas y mucha actividad por la noche. De camino pasamos por un supermercado a comprar unas cervezas para tomarlas mientras caminábamos. Para terminar ese día me llevaron a conocer el Parque del Periodista, donde estuvimos tomando cervezas un rato hasta que decidimos que estábamos lo suficientemente cansados como para ir a casa a descansar.

Para mi último día en Medellín no tenía nada planeado, en parte estaba un poco cansado de la caminata de los días pasados y quería descansar un poco pues en la noche partía a Cali y era un viaje de alrededor de 12 horas, así que me la pase platicando con Daniel y Cristina y jugando un poco con los niños de los departamentos cercanos. Por la noche, después de despedirme, un vecino del lugar me llevó a la terminal de autobuses y de listo, ¡a Cali!

Colombia: Bogotá

Tenía muchos años planeando este viaje en mi cabeza. La principal razón (y el porque escogí los paises a visitar) es porque tenía muchas ganas de conocer en persona a varios de mis amigos que conocí hace años (entre 8-13, apróximadamente) de internet.

El viaje comenzó el 1 de julio viajando de la Cd. de México a Bogotá, Colombia. El viaje fue rápido y sin complicaciones, así como la llegada al aeropuerto. Ahí me estaban esperando Kelly con su novio Andrés, nos saludamos, abrazamos, emocionamos y luego fuimos a comer una hamburguesa (¡estaba muy buena!) y seguir platicando un rato.

Después fuimos a tomar el transmilenio que me llevaría a el lugar donde pasaría la primer noche, al norte de Bogotá, con Chela, a quien había contactado en el sitio de Couchsurfing. Fue mi primera experiencia usando este sitio, el cual conocía desde hace tiempo, y puedo decir que es de las mejores cosas que se pueden hacer mientras viajas. Conoces nuevas personas, usualmente alguien del lugar que estás visitando, por lo que pueden ayudarte con consejos sobre que ver, a donde ir o no ir, y sobretodo da una oportunidad de conocer mejor la cultura del lugar.

Chela me recibió de forma muy amable, estuvimos platicando un rato sobre el cómo decidí empezar el viaje y sobre otras de sus experiencias con couchsurfers, y luego me dijo que tenía unos boletos para un concierto en un teatro cercano, que si quería ir. ¡Obviamente le dije que si! El teatro es un lugar muy bonito y el concierto estuvo maravilloso, un pianista ruso y un cantante colombiano. Definitivamente una gran manera de empezar el viaje.

Al día siguiente salí temprano para ir a Zipaquirá, a casi una hora de camino de Bogotá. La razón es que en mi investigación previa de lugares que quería visitar, estaba la Catedral de Sal, un lugar hermoso. Llegar es bastante fácil, de la terminal Norte del transmilenio salen unos autobuses que van a la ciudad, y solo debes decirles que vas a la catedral para que te dejen en un lugar cercano y te indiquen hacia donde caminar. El camino no es largo, y puedes pasar por la plaza del centro de la ciudad, que es muy bonita. Subir a la entrada de la catedral me costó un poco por la falta de ejercicio, pero no es pesado y solamente sigues unas indicaciones a lo largo del mismo. Llegando hay que comprar la entrada, hay distintos modos, yo me fui por el que incluía la entrada a la catedral, un espectáculo de luces dentro, un museo de la sal y el camino del minero, que era para conocer como hacían el trabajo los mineros en épocas pasadas. El lugar es muy bonito e interesante, te muestran las diversas etapas que ha tenido la refinería y la catedral como tal.

Había quedado con Chela de que la iba a invitar a cenar, así que empecé el camino de regreso antes de que se hiciera muy noche. Llegue a su casa y salimos a buscar Ajiaco aun lugar cercano, pero estaba cerrado y nos fuimos a una plaza cerca al área de comida rápida. El ajiaco es una delicia, pero es un plato grande, y cometí el “error” de pedirlo junto a una Bandeja Paisa, otro platillo enorme y no me pude terminar los dos, pero guardé lo que sobró para desayunar al día siguiente, en el cual vería a Karen, otra de mis amigas.

Ese día comenzó saliendo temprano de casa de Chela, ya que ella iba a salir de la ciudad un par de días y yo a quedarme en el departamento de Karen por 2 noches, antes de partir a Medellín. Ella salía tarde del trabajo, y yo al estar cargando mis mochilas no tenía muchas ganas de estar caminando por la ciudad, así que me fui a un centro comercial cercano y me la pase el día viendo películas en el cine. Por la tarde ella pasó por mi y fuimos a dejar mis cosas a su depa antes de salir a caminar un rato por la zona de fiesta y a tomar unos tragos con ella y su novio.

Al día siguiente salimos a caminar al centro, no recuerdo el nombre de la calle, pero es una que es mayormente peatonal, por lo que nos topamos con muchos vendedores de todo tipo, bandas de música de distintos géneros, mesas donde jugaban ajedrez, etc. Creo que el día era sábado, y me dijeron que en domingo es cunado hay mas actividad ahi, pero aún así había muchas cosas para ver. Pasamos por un mercado donde vendían artesanías, pero no quise comprar nada porque aún me quedaban casi los dos meses de viaje por delante y no quería cargar mucho. Parte de la idea era que tenía ganas de subir al cerro Monserrate, pero al final caminamos tanto que acabé muy cansado, así que pasamos a comer algo y seguimos caminando un rato, hasta que ya no pudimos más. Íbamos a regresar todos a casa de Karen, pero al final me quedé yo en otro lado porque iba a ver a Kelly y su novio de nuevo.

La vi en una estación del transmilenio y fuimos por café y pan, ahí estuvimos platicando un rato y luego nos salimos a caminar por la zona. Era cerca del estadio de fútbol, así que dimos la vuelta por un lado y luego nos metimos a otras calles, íbamos buscando una librería y platicando. Andaba ya algo cansado de la caminata de antes, pero había que aprovechar, ya que al día siguiente partía hacía Medellín. Llegamos a la librería y después de un rato curioseando, le dije que escogiera un libro para regalárselo de recuerdo 😀 Terminando ahí nos regresamos caminando, me dejaron en la estación del transmilenio y me fui a casa de Karen.

El último día en Bogotá tenía que ir a la terminal de autobuses a comprar mi pasaje, ya que no me dejaba comprarlo por internet. También había contactado con Johanna, una chica de Couchsurfing, que aunque no pudo alojarme, me dijo que podíamos salir a tomar un café si tenía tiempo, así que antes de ir a la terminal pase a una parque donde nos veríamos para platicar. Es una chica muy buena onda y con muy buena actitud, estuvimos platicando de viajes pasados y futuros y para mi buena suerte, cuando nos despedíamos, me dijo que ella vivía por la zona de la terminal y que me llevaba, ¡genial! Me dejó en la terminal, compre mi pasaje y me salí a caminar un rato por la zona para llegar a la estación más cercana para regresar a casa de Karen por mis maletas y entonces listo, salir a Medellín.

En busca de la felicidad

Escribo esto desde Aguas Calientes, también conocido como Machu Picchu Pueblo, a casi un mes de haber comenzado una de la experiencias mas gratificantes que he tenido en mi vida, y de la cual aún queda un mes (o tal vez mas :P).

En febrero me enteré de una promoción que tenían en Aeroméxico para viajar a distintos lados, y eso junto con unos puntos de viajero que tenía acumulados me animó (después de mucho pensarlo) a comprar un viaje redondo a Bogotá. Cuando hubo que elegir las fechas de ida y vuelta, decidí que partiría el 1 de julio y regresaría el 4 de agosto… ¡dos meses de viaje!

Obviamente no podría tener tanto tiempo de vacaciones, así que ese mismo día renuncié a mi trabajo (aunque me quedé casi un mes para terminar unas cosas y conseguir quien se quedara en mi lugar). El trabajo no estaba mal, pero no me hacia feliz. Me disgustaba tener que ir a la oficina para hacer el mismo trabajo que podía hacer desde mi casa, o tener un horario establecido que no diera libertad para otras cosas.

Por suerte tenía otras oportunidades en puerta que me permiten trabajar desde donde esté, siempre y cuando tenga una conexión estable (ya hablaré de esto) y mi computadora, así que ahora tengo mas libertad y definitivamente me siento menos presionado.

Perú es el tercer país que visito en este viaje, primero fue Colombia y después Ecuador, y aún queda por delante. Este post debería haberlo escrito desde antes de empezar, pero mas vale tarde que nunca 😀

Ya iré contando como ha estado el viaje (spoiler: ¡increíble!).